Tres cosas que me siguen gustando de los periódicos de papel

Periódicos de papel. Fuente: Pixabay

Soy un entusiasta del cambio digital. Hace ya demasiado tiempo que perdí el habito de comprar periódicos de papel y, si tengo que hacer el cálculo, puedo asegurar que consumo más noticias, análisis y reportajes en mi teléfono móvil que en mi tableta o en mi ordenador portátil. Pero no reniego de las bondades que mantienen los periódicos de papel, bondades que no los van a salvar de la quema, pero que merece la pena subrayar para ser honestos con un producto periodístico industrial que ha marcado la vida de millones de ciudadanos a lo largo de un par de siglos.

Seguro que se os ocurren más ventajas, pero yo he elegido tres.

La primera es que los periódicos de papel siguen pareciéndome el producto periodístico que mejor jerarquiza y aporta criterio a la hora de seleccionar las noticias que tenemos que leer. Yo utilizo listas en twitter para ‘monitorizar’ aquellas noticias que más me interesan en función de mis intereses (política, periodismo, fútbol…), pero no dejo de ser un poco rara avis. Lo normal es que el común de los mortales picotee en su muro de Facebook o navegue por su cuenta de Twitter y abra poco más de dos o tres enlaces. La tarea de curación de contenidos no es fácil. Y ahí el periódico de papel conserva su valor añadido: te hace la labor de rastrear y producir artículos para que no te pierdas en la maraña de la red.

La segunda de las ventajas reside en su capacidad de ofrecer artículos y reportajes en profundidad que puedes leer en un formato impreso que, al menos a mi juicio, resulta más cómodo que el de una pantalla de cuatro o cinco pulgadas como el del móvil. Yo leo muchísimos artículos largos en internet, pero percibo que digiero mejor las historias cuando leo en papel. No sé si será porque siempre he sido un lector de periódicos y libros impresos y forma parte de mi educación o porqué será, pero ésa es la verdad: me entero mejor cuando leo en papel.

Y la tercera de las ventajas la ligo a la educación. No se me quita de la cabeza la idea de que una de las mejores maneras de lograr que los chavales vayan adquiriendo capacidades críticas y analíticas, mejoren su capacidad de comprensión lectora y de comprensión del mundo que les rodea y que fomenten su curiosidad intelectual que la disciplina de leer de forma recurrente un buen periódico. Me parece una receta muy aconsejable para que no sólo seamos consumidores sino también ciudadanos.

Que conste que no me ha dado un ataque de nostalgia ni tampoco estoy haciendo un panegírico de la prensa de papel. Con lo que acabo de contar, no creo que baste para frenar un proceso que acabará con un modelo como el de la prensa impresa diaria.

Quienes me seguís sabéis que defiendo la necesidad de que sepan adaptarse a los nuevos hábitos de consumo de los lectores. Y que sostengo que los editores deben trabajar por la consolidación de sus marcas en el nuevo ecosistema digital y apostar por una nueva estrategia comercial que atienda menos a la publicidad tradicional, en caída libre por la competencia con Google y Facebook, y explote nuevas vías de ingresos como los contenidos de marca, la organización de eventos o las propias suscripciones digitales, entre otras posibles fuentes.

Pero ésa es otra historia. Y aquí de lo que se trata es de reconocer lo que es justo y darle al Cesar lo que es del César y a los periódicos de papel lo que es suyo…y ya nadie les podrá quitar: su capacidad de haber sido durante siglos quien ha puesto orden y criterio a un mundo que bien que lo necesitaba.

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