Razones para publicar la foto del asesinato del embajador turco

Foto: Burhan Ozbilici. Fuente. La Vanguardia.

Leo con sorpresa en Clases de periodismo que se ha abierto un debate sobre la conveniencia ética de publicar la foto del asesino del embajador ruso en Turquía en los medios. Un ejemplo: el editor asociado del New York Times ha tenido que justificar la decisión de incluir la imagen en la portada de su edición impresa alegando que se trataba de una foto que aportaba valor, era noticiosa y no pecaba ni de sensacional ni de gratuita.

Perdonadme, pero creo que estamos siendo políticamente correctos por encima de nuestras posibilidades y que nos estamos pasando de estupendos. De modo que un fotógrafo de prensa se juega la vida (seguramente de forma irresponsable) para sacar unas fotos con un valor noticioso impactante y nosotros empezamos a ponernos quisquillosos sobre la presunta inconveniencia de publicar la imagen por consideraciones éticas que, a mi juicio, están de más en este caso.

Desde este blog he denunciado en unas cuantas ocasiones los efectos tóxicos de la espectacularización de las noticias y la caza desaforada de los clicks, pero convendría que no perdiéramos la perspectiva.

Una cosa es poner el periodismo al servicio del entretenimiento, primando las emociones frente a los hechos y dandole el mismo valor a las verdades que a las medias verdades y las mentiras. Y otra cosa es recordar que el periodismo publica cosas que en la mayoría de las ocasiones no son gratas, pero que no por ello hay que dejar de contarlas o de mostrarlas.

Todos conocemos casos en los que nos podríamos haber ahorrado ese regodeo en la desgracia ajena o en la crueldad de la vida, pero algo más que el olfato nos estaría fallando si tuviéramos unas fotos como las que sacó Burhan Ozbilizi y decidiéramos no publicarlas por un sentido de la ética que creo honestamente que no se ajusta a la realidad del periodismo.

Pongo más ejemplos: ¿Os imagináis que hubiéremos decidido colectivamente que nadie sacase fotos tan desgarradoras como la del niño Aylan o como las de los bombardeos de la ciudad siria de Aleppo? ¿En base a qué argumento hurtaríamos a los ciudadanos su derecho a saber lo que de verdad está pasando?

No soy partidario de dar carta blanca al horror, pues en ese caso sí que caería en la tentación amarillista de convertir el dolor en pura mercancía. Pero no confundamos. Las imágenes del embajador ruso son durísimas, y muchos las publicarán en sus webs y en sus periódicos para ganar visitas, pero nos pongamos como nos pongamos, son un ejemplo de periodismo. Y del bueno. 

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2 Comments

  1. Entiendo tu opinión. Pero lo que en mi caso me ha molestado no es la emisión en sí (me resulta muy impactante el video), sino la forma en que se ha emitido.

    Ejemplo: especial en Al Rojo Vivo. Emisión del video de la muerte del embajador en bucle. Sin avisar de que esas imágenes son duras.

    Si deciden emitir las imágenes por su relevancia, ¿qué menos que hacer honor a dicha relevancia?

    Me gusta

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