A los granjeros de Iowa les importa un rábano lo que piensen los periódicos

Escribo estas líneas bajo la misma conmoción personal que millones de personas de todo el planeta que seguimos preguntándonos, y lo que nos queda, cómo demonios va a ser el nuevo inquilino del ala oeste de la Casa Blanca un tipo que ha dado muestras de ser misógino, machista, racista y antisistema y que colecciona denuncias por agresión sexual.

Donald Trump ya puede ir preparando su mejor traje para la ceremonia de su proclamación como nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Y nosotros ya podemos empezar a preguntarnos cuál es la verdadera influencia de los medios de comunicación en esta era postmoderna donde son más importantes las emociones que las razones y donde ya estamos viendo que se puede ganar las elecciones más importantes del globo pese a tener a casi todos los medios de comunicación en contra.

En artículos muy atinados como el de Inma Aguilar en eldiario.es se explica con detenimiento cómo Trump ha representado el voto a la contra, ha sabido canalizar el descontento de esa América profunda y ha construido un relato simple de un luchador contra ese mismo sistema reencarnado en una gran dama del stablishment de Washington como Hillary Clinton.

Ahora me quiero quedar con un par de interrogantes sobre Donald Trump y los medios a los que habrá que dar alguna vez respuesta. La primera es qué influencia y relevancia real tienen ahora los grandes medios cuando se posicionan en masa contra un candidato como Trump y a los ciudadanos les resbala lo que puedan decirles.

Aquí ya no se trata de que los granjeros de Iowa pasen de lo que pueda decir un editorial del New York Times. Aquí de lo que se trata es de que una parte muy importante del pueblo norteamericano le ha pegado una patada a lo que ellos consideran el sistema, incluidos sus grandes periódicos y cadenas de televisión.

Y una segunda cuestión, fruto de la anterior: ¿Significa eso que los grandes medios están siendo desplazados y que ya no son el centro en el que se dirimen las grandes cuestiones de las comunidades a las que sirven? ¿Acaso lo que pasa es que en esta nueva era de la sociedad espectáculo da lo mismo lo que digan los periódicos serios y lo que vale es ser agresivo en las televisiones más populistas y aderezarlo con una buena campaña de anuncios en Facebook?

Siempre he pensado que tenemos los dirigentes políticos que nos merecemos. Igual es que nos merecemos un castigo como Trump. Y los medios, tan enredados en decidir si damos informacion, espectáculo o entretenimiento, ni nos habíamos dado cuenta. Hasta hoy.

Los medios ya no somos el centro del universo social, la plaza pública donde se reunían los ciudadanos y mucho menos todavía esa nación hablándose a sí misma de la que hablaba Arthur Miller. Y sea por lo que sea, no parece que estemos por la labor de admitirlo.

Seguramente el mismo vértigo que nos ha tenido a  casi todos mirando a ver qué pasaba con Trump se apagará, correremos con la misma ansiedad de siempre hasta el siguiente foco informativo y se nos olvidará reflexionar sobre lo que nos está pasando como industria, pero no vamos a poder mucho tiempo con los ojos más cerrados que un muerto, sobre todo si no queremos terminar precisamente muertos. 

 

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